Cuestión de especie - Desarrollo humano

Saber quién soy...  Tener conciencia de quién soy.   ¡Menudo lío!

Como cada mañana, me siento rodeada de mi clase y observo:  Niños pequeños que con ojos enormes que me miran esperando las palabras que de mi boca saldrán.  Cualquier cosa que diga, para ellos será la verdad, tendrá tanta fuerza o más de aquello que les digan sus padres ¡así me lo enseñó mi maestra!

mucacha en la ventana-daliEntonces una pregunta me llega de repente ¿Quién soy?  Buena pregunta y ¡mejor momento para aparecerse!  Tengo respuesta, pero, me pregunto si la respuesta tiene sentido.  Sobre todo cuando todos esos ojitos esperan aprender algo de quien no sabe a ciencia cierta quién es …

Conciencia, que resulta provenir de conscientia-consciens: ser consciente; cuscire: saber.   Entonces se refiere a la psique, al hecho de conocer desde dentro, esa función que reacciona al curso de los eventos visibles de la realidad.

El modo en que se percibe el mundo depende del nivel de expansión o de intensificación de la conciencia.  En la medida en la que somos conscientes de nuestra propia persona y personalidad, podemos compartir y enseñar.  De una forma u otra, en nuestro qué hacer diario todos somos maestros y aprendices.  En el flujo de la vida, ser yo misma, aceptarme y aceptar a quienes comparten la experiencia del momento presente para lograr un desarrollo integral de las dos partes, se convierte en una educación holística.

 

  La energía creativa, el Todo, se expresa y manifiesta de diversas maneras en el universo en forma de minerales, vegetales, animales y seres humanos, este es el principio de unidad.  El inicio del universo que nos rodea y del que aprendemos en este camino de apertura de la conciencia. 

En la creación del cosmos, nosotros somos holones, es decir, un sistema que es un todo en sí mismo así como es parte de un sistema mayor.   Somos partículas primarias y minúsculas que conforman el universo en una fusión dinámica en la que todo se encuentra en un constante proceso de desarrollo.  Cada uno de nosotros es un microcosmos desarrollándose en el macrocosmos, este es el principio de cosmo-génesis .-

Nos damos cuenta de que todo está relacionado, siguiendo el proceso de causa efecto, cada uno de los actos realizados tiene una consecuencia directa o indirecta en los procesos de desarrollo de quienes nos rodean, mediata o inmediatamente: el principio de universalidad.

Esos son los tres principios en los que podemos entender la  evolución de la Tierra que se ha desarrollado en tres fases decisivas: el momento en que se conforma la Fiosfera, es decir, la creación de la materia primaria de la que evolucionan los seres vivos; la conformación de la Biósfera, en la que se crea el mundo que nos rodea, reinos mineral, vegetal y animal y finalmente la Noosfera, que se refiere a la conformación de la historia que somos, nuestros pensamientos unidos a los pensamientos de la humanidad que nos precede van formando la naturaleza humana.  Somos pensamiento, mneme, memoria cósmica-universal.

La Noosfera es esa obra de arte original de la naturaleza, un espacio virtual en el que se da el nacimiento de la psíque (noogénesis), un lugar donde ocurren todos los fenómenos (patológicos y normales) del pensamiento y la inteligencia.  Ese rincón en que se es capaz de preguntarse por sí misma, cuestionarse en sus reflexiones de manera libre.  Somos seres históricamente sociales que crean relaciones interpersonales, agentes de sus propios desarrollos, capaces de transformarse para transformar su entorno.

Somos el microcosmos que trabaja en el macrocosmos, siendo corresponsable de la evolución del mundo y por ende de su propia naturaleza humana.

Si nos ponemos a reflexionar en que somos capaces de transformar el entorno en el que nos desarrollamos, es de máxima importancia que tomemos conciencia de que, en la medida de la naturaleza en la nos transformamos podemos transformar, es decir educar, sin olvidar que esa transformación personal repercute en los seres que nos observan.  Es en esta forma en la que el educador es también educando, en la medida que expanda su conciencia y comprenda que aprende de quienes de él aprenden.

Existen cinco dimensiones de la naturaleza humana, a cada dimensión corresponde un estado de conciencia.

Biológica, psicológica (racional interna sentimental) personal, social, espiritual en al que trasciende acumular y compartir.

  1. Conciencia biológica, es decir la corporal
  2. Conciencia  psicológica, la que se refiere a la mente y la razón que llevan al análisis
  3. Conciencia centáurica, cuerpo animal más mente racional.  Es la conciencia sentimental interna que maneja los afectos y emociones.
  4. Conciencia social.   Somos humanos y por naturaleza formamos grupos que conviven y logran su desarrollo con y para los demás.
  5. Conciencia espiritual.  El ser humano busca la trascendencia.  Tomar conciencia de que únicamente en esta dimensión se es plenamente humano.

chi mudraLa conciencia que nosotros hemos llamado humana la hemos conquistado un día directamente de Dios, la energía creadora, cualquiera que ésta sea según las creencias o religiones. La conciencia es un don eterno, no nació, ahí estaba, no tuvo principio. Como cuerpos, somos únicamente el vehículo por medio del cual se recibe la experiencia que nos lleva a darnos cuenta de los planos del ser.

Cada una de las experiencias que conforman nuestras vidas se lleva en el cuerpo causal que se corta en el plano físico para liberar la conciencia. Mediante esas experiencias, llamémoslas aprendizaje o evolución, vamos acumulamos conciencia, la energía con la que enfrentamos la libertad de la luz a la conciencia: Un paso que cuesta tomar ya que requiere de un compromiso constante.

El flujo de vida se da en círculo, de forma constante e infinita; se parte y se regresa al mismo punto.  Cada dimensión humana tiene su función en la existencia y se van integrando en la totalidad (Dios) Alfa y Omega hasta llegar a la pleromática, es decir, al cumplimiento de la plenitud en la que se siembra la semilla de la conciencia, la totalidad de la materia.

De la dimensión biológica en la que la psicología personal, existencial, organísmica social (esto se refiere a la unidad armónica ‘síntesis’ de las dimensiones biológica, psicológica y social propias de la naturaleza humana. Incluye, muy especialmente, la consciencia de ser un ser eminentemente social), se llega a la dimensión transpersonal, es decir yo y el otro como uno mismo para trascender a la dimensión espiritual que completa el camino del Alfa a la Omega.

Estas dimensiones se pueden comparar con los planos de desarrollo según la filosofía Montessoriana.  Nacemos por ser la esencia de lo que somos y caminamos para alcanzar la plenitud de la indiferenciación el embrión que es el todo.  En la infancia se descubre la dualidad psicológica primaria (yo y el otro) en donde hay un mundo afuera. Durante la niñez, se pone de manifiesto la psicología social dando paso al descubrimiento de la adolescencia.  En este plano es fundamental poder tener puntos de referencia congruentes de los adultos que guían en el proceso.  La personalidad esencial emerge en la segunda adolescencia hacia la adultez; durante este proceso se da lugar al ser organísmico social.  Nos damos cuenta de lo fácil que es relacionarse con quien está cerca y comparte nuestros gustos, pero es necesario trabajar la tolerancia y adaptación para poder amar a quien no se conoce y tiene cultura diferente.

Si esa última dimensión es superada, se pasa entonces a la etapa transpersonal en la que se toma conciencia de lo que somos, se comprende que hay más allá del observador y como testigo de la educación es entonces que se abre el ojo del espíritu para fundirse sin confundirse.  La unidad en la multiplicidad.  Nos abrimos a la comprensión de la teoría del caos “todo acto tiene su efecto” y entendemos que nadie puede dar lo que no tiene, ni enseñar lo que no sabe.

Demóstenes explicaba que realizar en sí mismo lo que se trata de realizar en los demás, es la suma de un proceso continuo en el que favorecemos el desarrollo de la conciencia.  La vida humana es un continuum en el que cada quien se experimenta como ser en el devenir.

El ser humano integra en la experiencia los tres ojos del conocimiento, a partir de los cuales se adquiere el aprendizaje:

1. Carne- empírico
2. Mente-positivismo
3. Espíritu-místico

En la medida en que nos sabemos, sabemos.  En la medida en que sabemos, vamos descubriendo que dependemos los unos de los otros en este inmenso, infinito ir y venir de experiencias creativas y creadoras. Despertar la conciencia es una aventura que vale la pena vivir.

Sin embargo, la aventura de la vida fluye a través de sueños.  El ser humano vive dormido, inconsciente de la realidad que lo rodea.  La conciencia se encuentra atada a una red de sueños, el valor viene medido por las posesiones, la verdad por los caprichos del pensamiento propio, el control de la vida propia y el deseo de las vidas que nos rodean se rige en el dogmatismo de los rituales incomprensibles e irracionales por los que se declaran guerras para redimir a la humanidad.  El hombre de ciencia sueña y niega todo aquello que no es capaz de explicar, así como vive en un sueño el educador que controla y domestica.

Ana María González Garza nos dice:  “Para lograr liberarse de la telaraña de sueños, es necesario comenzar por cuestionarse ¿quién soy? Entonces se escucha a la conciencia responder: Soy vacío que se llena de poesía y entre las sombras busco mi luz, mi estrella incandescente.   Soy el fantasma de la noche que vigila y espanta.  Soy desierto tan oscuro como el cosmos. ¿Quién soy? Materia, vida, espíritu, energía, silencio que llena de versos y sonidos que forma la sinfonía.  Descubro mi yo en la mirada del otro. Ayer estuve dentro del sol, hoy el sol se me ha metido dentro.  Soy vacío y plenitud que dio a luz a una estrella y soy ella soy parte del todo y nada y se aclarada la mirada.”

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